ROMA

ROMA, “LA CIUDAD ETERNA”

El pasado mes de mayo, tuve la oportunidad de visitar Roma, “la ciudad eterna” con dos de mis mejores amigos Guillermo y Marisa…

Nuestro viaje empezó como muchos, en el aeropuerto, tras un vuelo y un autobús llegamos a Roma y en seguida a nuestro hotel. El hotel Gallia, en el cual íbamos a pasar los siguientes 7 días.

Rápidamente, subimos a nuestra habitación, por supuesto por las escaleras. La habitación era grande, acogedora y muy bonita, con unas vistas que pudisteis apreciar cada mañana.

Una vez, dejamos las cosas en la habitación nos fuimos a dar un paseo, no podíamos esperar más por pasear por estas hermosas calles y por supuesto por ver el Coliseo.

Sin ninguna duda, tras ver este hermoso sitio, teníamos que ir a probar la deliciosa comida italiana y teniendo en cuenta que con el viaje llevábamos bastante tiempo sin comer, buscamos el restaurante más cercano de todos los recomendados. Sin darnos cuenta ya estábamos sentados en Luzzi, nuestra primera pizzería italiana, aunque tampoco nos queríamos quedar sin probar la pasta italiana.

Tras llenar bien nuestra tripa, nos fuimos a dar un paseo para adentrarnos un poco en “la ciudad eterna”.

Desde el coliseo cogimos la Via dei Fori Imperial, donde disfrutamos de un hermoso atardecer hasta llegar a la Piazza Venecia.

Nos adentramos un poco más por las callejuelas de Roma, hasta llegar a la Pizzeria Da Baffeto, donde cenaríamos.

Disfrutando del último paseo del día nos encontramos con una hermosa luna llena que iluminaba las calles de Roma.

Al día siguiente y con las pilas recargadas, nos dirigimos directamente a la Fontana di Trevi. De camino pasamos por la Piazza del ViminaleLe y Quatrro Fontane.

Cuando estábamos llegando a la Fontana di Trevi, empezamos a ver una multitud de gente que nos impedía pasar, poco a poco nos adentramos hasta la Fontana, los tres quedamos maravillados, da igual las fotos que veas, siempre hay lugares que son necesarios ver en vivo y con la compañía adecuada.

Como todos os imagináis, nos quedamos bastante tiempo haciendo fotos, contemplando uno de los sitios más icónicos de Roma y por supuesto lanzando nuestra moneda. Pues los tres estamos seguros de que volveremos.

Fue tanto el tiempo que pasamos allí, que se nos hizo la hora de comer y buscando encontramos un pequeño restaurante al lado de la Fontana, Al Picchio.

Tras una buena comida, y estando tan cerca no pudimos evitar ir a por nuestro postre a Venchi, la mejor heladería de Roma.

Antes de entrar ya nos llegaba el olor del chocolate y nada más entrar vimos esa cascada de chocolate en toda la pared…

Tras pedirnos un buen helado, de dos bolas cada uno (excepto el mio que llevaba 3 y fue bañado en peanut butter), nos dimos un buen paseo para llegar al Parque Villa Borghese

La verdad, es que siempre se agradecen zonas verdes en las ciudades. Paseamos, cantamos, bailamos, nos hicimos fotos y disfrutamos como niños.

Tras ver todo el parque, nos fuimos a cenar, porque todo estaba planeado y teníamos ya pensado el restaurante al que queríamos ir cerca del parque.

Al Forno della Sofitta, al principio no nos sorprendió mucho, había mucha gente, nos pusieron en una mesa muy justa para los tres, imaginaos para hacer las fotos y llevar a cabo todo el petitpostureo.

Pero, en cuento llegaron las pizzas napolitanas… Con esa masa tan gordita y elástica ¡BRUTAL! En el primer bocado supe que se convertiría en mi restaurante favorito de todo Roma.

Hoy era el gran día, hoy tocaba entrar en el coliseo. Tras un buen desayuno para recargar energías, nos pusimos en marcha.

Llegamos y cómo de costumbre había unas colas enormes y mi lumbar empezó a encontrarse bastante resentida… Pero nosotros compramos unas entradas para entrar a la arena como buenos gladiadores. Para entrar me puse la música de Gladiator “Elysium”. Y aunque un tío de seguridad se enfado, por permanecer mucho tiempo en la entrada, yo estaba tan inmensa en aquel lugar que nada ni nadie me podía estropear el momento.

Visitamos cada rincón, nos hicimos fotos, nos sentamos para admirar lo imponente y hermoso que es el coliseo aún con el pasar de los años.

De todos los lugares de Roma, del que menos hay que hablar y menos hay que recomendar es el coliseo, pues que vas a decir de una de las 7 maravillas del mundo. Es un lugar mágico, que todos debemos visitar.

Tras esta increíble experiencia, nos dirigimos al foro romano, donde dimos un gran paseo entre las ruinas y pudimos seguir con nuestra sesión fotográfica.

Por supuesto después de tanto caminar teníamos un hambre de muerte y como estaba muy afectada por la alergia, decidimos ir a comer a un restaurante cercano al hotel La Mela D’oro y así luego poder descansar un poco. (Sí sois alérgicos, seguro que me entenderéis).

Un buen chute de Ebastel forte y a reanudar la marcha romana. Nos fuimos a dar un buen paseo por el centro de Roma y a cenar a La Focaccia, donde nos trataron y cenamos genial.

Despertarse en Roma es alucinante, aunque amanezca un día lluvioso, “al mal tiempo buena cara” y nosotros no íbamos a dejar que unas gotitas nos estropeasen el viaje.

Cogimos nuestros paraguas y a pasear hoy tocaba un día largo para las piernas, de perderse por las hermosas calles de Roma, cruzar el Tiber y pasar la tarde en el Trastevere.

Una zona por la que nos habían recomendado varios restaurantes y por la que vimos unas callecitas de película.

Como no pudimos salir tan pronto como hubiéramos querido, fuimos a comer a Pasta Imperiale, un local pequeño, donde se puede pedir la comida para llevar o comer allí en unas mesitas que tienen. Pedimos tres tipos de pasta diferentes con sus correspondientes salsas ¡Qué deliciosas! Pasta fresca al dente, cómo se notaba que estamos en Italia.

Paara el postre fuimos a Two Sizes, un pequeño local, que si no te das cuenta no lo ves, y te pierdes los mejores tiramisú de Roma.

Cuando entramos nos sorprendieron los diferentes postres que tenían. Pedimos tres tiramisú (por supuesto uno de ellos de cacahuete), diferentes cannolis y algún postre más que nos llamó la atención. Nos sentamos y nos disponíamos a probarlos, claramente llevaba mi bote de pb, para degustar al mejor estilo petit el tiramisú. La verdad que todos estaban buenísimos y el toque de peanut butter en el tiramisú de cacahuete

Lo más curioso fue cuando al echar la crema de cacahuete por encima, la dueña del local se quedó boquiabierta y me preguntó que que hacía y qué que era eso que estaba inundando mi tiramisú de cacahuete. Al contarle que era crema de cacahuete natural, tardó menos de 5 segundos en pedirme el bote para probarla y decirme que estaba tremenda. Acto seguido se puso a fotografiarla para enseñársela a su compañero. Quién sabe, lo mismo en un tiempo sacan tiramisú de crema de cacahuete.

Continuamos con nuestro paseo, y a cada giro, encontrábamos un lugar mágico.

Como esa tiendita que tenia un pinocho en la puerta para que posases haciendo de pinocho, me encantaron todas las figuritas de madera que había.

Tras un día de lluvia, nos despertamos con otro que no sabíamos que iba a pasar… podía llovernos en el día que más lejos teníamos que ir o podían aguantar las nubes.

Pero otra vez, nosotros íbamos a llevar a cabo el plan del día. Tocaba ir hasta las catacumbas y aunque sabíamos que estaban lejos unos 6km para llegar y como ya sabéis que aquí somos de #mueveelculete, decidimos no coger transporte público e ir caminando y así poder parar en las “Terme di Caracalla” y así ver las ruinas de las termas.

Una vez llegamos a las termas se puso a llover, por lo que tuvimos que parar y esperar a que descampara para poder verlas.

Una vez nos dimos una vuelta por las termas, proseguimos nuestro camino hacia las catacumbas.

Sobra decir que entre la lluvia y las fotos… se nos hizo un poco tarde y cuando llegamos ya era la hora de comer. Pero, no vimos ningún sitio en el que poder saciar nuestro apetito. Nos conformamos con unas barritas de @paleobull y entramos a las catacumbas.

Tras un buen paseo guiado por las catacumbas, nos disponíamos a buscar un autobús para poder llegar al centro cuanto antes y comer. Fue el primer y el único medio de transporte que cogimosen todas nuestras vacaciones, el hambre apretaba y ya no nos quedaban municiones, necesitábamos comer (sí, comer a las 18:30).

Aprovechamos todo nuestro apetito y fuimos a parar a Grazia & Graziella donde devoramos los platos sin piedad (creo que nunca antes una sesión de fotos había durado tan poco).

Tras la comida dimos un pequeño paseo por los alrededores y vimos un puesto de palomitas de sabores (pizza, chocolate y fresa), obviamente pedimos un paquete de cada para probarlas.

Con las horas que eran y el cansancio acumulado, nos dirigimos hacia el hotel para descansar, pero por supuesto un poco antes de llegar paramos apara cenar en Al Viminale.

He de decir que este fue el restaurante que menos me gustó de todos en los que estuvimos. Cada uno de nosotros nos pedimos una pizza diferente y cuando llegaron a la mesa… nos podíamos hasta reflejar en la grasa que tenían encima. Lo gracioso fue cuando sacamos nuestros paquetes de Clinex y empezamos a limpiar nuestras pizzas de aquel río de grasa… ¡Gastamos 3 paquetes enteros! 3 paquetes y aún seguían soltando grasa… No sé si solo las pizzas eran así, lo que sí sé es que nunca volvería a pisar ese lugar.

Se van acabando los días, y nos toca ir a visita la Ciudad del Vaticano. Ya teníamos las entradas compradas, así que, nos fuimos dando un paseo con calma.

Ya nos conocíamos las calles de Roma como si estuviésemos en casa. Y tras cruzar el rio Tiber empezamos a ver la Basilica di San Pietro.

AL llegar a la Piazza San Pietro admiramos la Basilica un momento y nos dirigimos hacia el museo.

Como siempre el museo estaba abarrotado de gente, nosotros íbamos con calma, pero el momento de ir hacia la Capilla Sixtina se volvió todo muy agobiante, una multitud de gente en una fila que parecía que no iba a terminar.

Todo el museo es asombroso, la decoración, los cuadros, las esculturas y la Capilla Sixtina. Si no fuese por ese volumen de gente se podría disfrutar mucho mejor.

El museo es grande y tardamos en recorrerlo y verlo bien. Una vez salimos ya era la hora de comer y nos dirigimos al restaurante que nos habían recomendado tanto, Egg Pasta Fresca.

Más que un restaurante parece un pequeño puesto de pasta fresca recién hecha, con unas sillas en la puerta y unas banquetas dentro por si alguien quiere comer allí.

Nos sentamos fuera en las sillitas y nos comimos nuestros platos de pasta, que estaban… ¡Brutales! Aunque a los dos bocados no empezó a chispear y nos tuvimos que refugiar dentro del local como pudimos, no cabía ni un alfiler, así que os podéis hacer una idea.

Por la tarde nos dirigimos a ver una parte de Roma que no habíamos visto la Piazza di Spagna. Pero, al volver a cruzar el Tiber empezó a diluviar y nos refugiamos en una tiendita.

Cuando paro un poco, reanudamos la marcha, nos dirigimos a la Piazza del Popolo, desde donde cogimos la vía del Babuino que te lleva a la Piazza di Spagna, una plaza muy bonita llena de flores, donde nos paramos a descansar un poco y sacar algunas fotos.

Para cenar habíamos decidido ir a un restaurante del Trastevere, Ristorante Da Agustea, para ello cruzamos todo Roma, pero mereció la pena.

De postre, fuimos a Supplí, lugar que me recomendasteis mucho, a probar las famosas Arancini Siciliane, una especie de croqueta gigante de arroz rellena de mozzarella. La verdad es que estaban de muerte lenta. Nos las fuimos comiendo mientras paseábamos por las ya conocidas calles romanas.

Último día en Roma, al día siguiente volveríamos a casa. ¡Hoy tocaba celebrar mi cumple!

Por la mañana dimos un paseíto, y al comenzar el paseo Guille me dijo ¡Mira Cris! y giré el cuello como la niña del exorcista y allí estaba, una tienda americana repleta de productos con crema de cacahuete. Sobra decir que entramos y arrasamos con todo…

Seguimos con el paseo hasta la hora de comer, que fuimos a Dar Poeta, en el Trastevere, las pizzas estaban buenísimas. Y nos dieron energía para una tarde llena de fotos por las calles de Roma, primero callejeamos todo lo posible por la zona del Trastevere que aún no habíamos visto.

Después nos dirigimos al parque Giardino degli Aranci, donde hay unas vistas desde lo alto de Roma increíbles.

Por último, dimos un paseo por la zona de la Piazza Navona, haciendo sitio para la gran cena de cumpleaños.

Por mi cumpleaños cenamos en Angelino ai Fori, un restaurante muy bonito al lado de la Via dei Fori Imperiale. Cenamos viendo de Foro Romano de fondo. Y la comida estaba riquísima.

Dejamos hueco para el postre, pues como era nuestro último día queríamos volver a por unos helados. Y como no nos decidíamos por la heladería fuimos a las dos: Venchi y Della Palma.

Tras zamparnos unos cuantos helados volvimos al Hotel, pero por supuesto de camino hicimos una última parada en La Fontana di Trevi. Da igual cuantas veces la veas, siempre te enamora…

Última mañana, toca dejar el hotel…

Nos fuimos a dar un último y rápido paseo, vimos por última vez en este viaje el Coliseo y fuimos a comer a Carlo Menta, las pizzas más baratas que nunca habíamos visto.

Tras la comida solo nos quedaba tiempo para dar un paseo de vuelta al hotel e irnos al aeropuerto.

Sin duda, uno de los mejores viajes que hemos realizado, para los tres fue una experiencia inolvidable, que nos ha abierto más el apetito de viajar. Y pasar aventuras juntos.

MAPA ROMA TROTAMUNDOS

Este es el mapa que seguimos el equipo trotamundos por Roma, esta lleno de las recomendaciones que me enviasteis, lugares que visitamos y restaurantes que degustamos. Siguiendo cada uno de los días y el mapa podréis disfrutar de una experiencia increíble. Y si algún día visitáis Roma, seguro que os sirve para no perderos ningún detalle.

 

RESTAURANTES ROMA

Fueron muchos los restaurantes que visitamos en Roma, pero no tantos como nos hubiera gustado. Aquí os dejo una entrada de cada uno de los restaurantes (estad atentos irán apareciendo más) que visitamos en nuestro viaje.